Control Union Peru  
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HABLEMOS DE CERTIFICACIONES EN TURISMO.

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Hace un par de semanas participé en la presentación del Estándar de Turismo Sostenible que Control Union Perú acaba de introducir en nuestro país y el resto de Latinoamérica.

Se trata, es fácil deducirlo, de una certificación que intenta medir/premiar las buenas prácticas en turismo sostenible que las empresas que vienen trabajando en el sector están ejecutando.Control Union Perú es parte de un holding holandés con oficinas en los cinco continentes  que ha iniciado en nuestro medio la certificación en procesos vinculados a la agricultura orgánica y otras actividades colaterales.

Para nuestro caso se trata de una medición que trabaja con indicadores que se han ido estableciendo a nivel mundial para evaluar el desempeño de una industria que como las demás produce impactos de todo tipo que hay que ir mitigando. El primer emprendimiento que Control Union ha certificado en el Perú es el albergue YVY MARA EY (“La tierra sin mal”), una iniciativa comunal que nació gracias al tesón del binomio Mario de Col - Toña Alván y los pobladores de la comunidad de Yarina, en la Reserva Nacional Pacaya Samiria, Loreto. De Mario no me cansaré de hablar: fue un torbellino que entendió como pocos la importancia económica y cultural del turismo responsable en nuestro país. Él fue el artífice de Rumbo al Dorado, experiencia pionera en ecoturismo y turismo sostenible que se sigue mencionando en los textos de la especialidad como uno de los primeros pasos en la construcción del modelo peruano en turismo sostenible.

Toña, su compañera, ha seguido empujando la causa del incasable soñador italiano; precisamente gracias a su terquedad es que se pudo concretar la alianza entre un pool de instituciones preocupadas por el desarrollo de las poblaciones locales –algunas de ellas de obligado tinte comunal- que  han logrado ejecutar el proyecto “Yarina, Modelo de Ecoturismo Sostenible y Certificable”. La historia de largo camino que tuvieron que andar la refirió la propia Toña Alván la noche ue nos reunimos un grupo de amigos suyos, en el auditorio del Fondo de las Américas para el Perú (Fondam), para celebrar la Certificación Control Union: GREEN CHOICE. Fue una linda velada para hablar del futuro.

Me interesa, a propósito de la certificación recibida por el albergue Ivy Mara Ey repetir alguna de las ideas, que lancé al viento en esa reunión: el descubrimiento científico de Machu Picchu, en 1911, debe ser considerado también como el  punto de de partida del turismo peruano. A poco de la divulgación del hallazgo que el propio Bingham propicia en los medios de comunicación del exterior es que la incipiente industria empieza a organizarse. Curioso, el producto turístico Perú nació a partir de la promoción, no de la construcción delicada de los fundamentos que dicta la teoría: conectividad, servicios e infraestructura básica, seguridad, gestión, precio, etc.

En otras palabras, estamos hablando de un negocio que empezó a construirse de manera espontánea, sin apoyo estatal, impulsivamente, a pesar de que el profesor Villena encuentra en la fundación del Touring Automóvil Club del Perú (1924) y en la Ley 7663 del gobierno de Sánchez Cerro, en 1932, los primeros indicios de una preocupación más elaborada de las clases dirigentes en relación a una industria que tenía como portaestandarte al mismísimo Machu Picchu. Desde entonces, muchas cosas han ocurrido en nuestro dinámico sector; la mejor de todas, sin duda, el nacimiento, a fines de la década de los noventa, de una preocupación sincera de ciertos operadores y líderes de la actividad,  por la sostenibilidad del negocio y el impacto del mismo en las economías locales y en la vida (material y espiritual) de las poblaciones donde se realizaba la actividad. Uno de esos actores, no me cansaré de repetirlo, fue Mario de Col, a quien tuve la suerte de invitar repetidas veces al diplomado en Turismo Sostenible de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.

La maestría de ecoturismo de la UNALM, fundada en el año 2000 por Jorge Chávez y el diplomado de la UARM que tuve la suerte de dirigir, sirvieron para profesionalizar un poco más una industria a punto de cumplir cien años de vida pero definida en mucho por el entusiasmo inicial, los problemas organizacionales de siempre y el amateurismo. En esa búsqueda incesante por crecer, por hacernos fuertes, habría que mencionar el incesante trabajo de adalides del concepto turismo sostenible como Rafo León, Lieve Coppin, Kurt Holle, Alfredo Ferreyros, Joe Koechlin,  Fernando Vera, entre  tantos otros milicianos de la causa. Por eso es que saludo con alegría la certificación obtenida por la gente del Pacaya.  Los sellos de calidad, las certificaciones en suma, sirven, entre otras cosas, para generar autoestima entre los promotores y sus entornos humanos; premian el esfuerzo de los implicados, privados y estatales, de arriba y de abajo; integran de mejor manera a los actores sociales convocados en el esfuerzo; visibilizan los negocios turísticos de calidad en los exigentes mercados interiores y receptivos y, sobre todo, ayudan a preservar los ambientes culturales y naturales donde se realiza la actividad. En suma, nos sirven de mucho para profesionalizar nuestro campo de acción. De allí la necesidad de apuntalar los sellos de calidad y cuantas iniciativas se tomen para estandarizar una mirada única del fenómeno del turismo sostenible y sus implicancias en el futuro que queremos construir.

Buen viaje…

Fuente: La columna del director
www.soloparaviajeros.pe

 

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