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La papa, el gran regalo que el mundo recibió de Perú
"Primero se prepara la tierra con el azadón. Luego se hacen surcos y después se riegan el guano y el gallinazo (fertilizantes). Se tapa y dos veces al año nace la papa", les explica a los periodistas John Galindo, un niño de ocho años del departamento peruano de Ayacucho. John no sabe leer ni escribir, pero conoce todos los secretos de la papa. La cultiva en el paupérrimo minifundio de la familia, más para autosustento que para comercialización. Está emparentado con la papa, la quiere, la consiente, sabe que por ella sobrevive y que a ella le debe el rosado de sus cachetes.
Hace siglos, cuando según se presume empezaba el sedentarismo, los ancestros de John descubrieron que el tubérculo que se producía generosamente, sobre todo en lugares abonados por el excremento de los camélidos, podía ser un alimento apreciable. Desde entonces la papa está al servicio del hombre, al que sin perder la humildad ha salvado de hambrunas y le ha dado deleite.
Según los estudios científicos, la papa (conocida en los países hispanos con ese nombre quechua, aunque en algunos se le llame patata por combinación con "batata", como se le decía en el Caribe), nació en lo que hoy son los Andes sureños de Perú, más exactamente en el norte del lago Titicaca. De eso hace por lo menos 8.000 años.
Desde allí, su cultivo se extendió rápido por todos los Andes, luego por Sudamérica entera y desde allí al norte del continente. A España llegó hacia 1550 y rápidamente ayudó a enfrentar hambrunas. Países como Rusia, Italia o Francia se resistieron por considerar indignante alimentarse de un tubérculo, pero 200 años más tarde ya habían sucumbido al encanto de ese cuerpo de formas irregulares, de color tierra, poco agradable a la vista pero impactante al paladar.
La marcha fue indetenible y la muestra es que hoy América Latina, la cuna, no es un productor importante en términos globales, pues apenas aporta unas 16 millones de las 324 millones de toneladas métricas que se dan anualmente en el mundo. Perú, el papá de la papa, sólo produce tres millones, todas para consumo interno, bastante lejos de China y la India, los líderes mundiales.
Pero, más allá de esas cifras, la papa es un elemento metido profundamente en el alma del peruano. Ya sea con las más elementales preparaciones campesinas o en forma de platos suculentos como la causa rellena o la papa a la huancaína, la papa permanece ahí, fiel, ajena a los vaivenes económicos que se dan en otros alimentos.
Por eso Perú en este 2008, en concordancia con la celebración del Año Internacional de la Papa dispuesto por las Naciones Unidas, busca aumentar el consumo interno per cápita de papa de los 75 kilos anuales de ahora a por lo menos 100 kilos.
Y es que la papa es barata, no es caprichosa, no exige mayores condiciones para su cultivo y tiene enormes cualidades como alimento (es fuente de energía y vitamina C y posee el contenido más elevado de proteínas dentro de los tubérculos). Una inmejorable aliada para ayudar a los 13 millones de pobres del país. Y su generosidad con Perú es impresionante: En suelo peruano están unos 2.800 de los alrededor de
3.900 tipos de papa que hay en el mundo.
"Somos privilegiados", exclamó el ministro de Agricultura, Ismael Benavides, al destacar lo que la papa significa para su país. Pero el asunto también incluye un desafío para las autoridades: luchar por la preservación del producto.
Y es que hay enemigos agazapados. "Esta riqueza biodiversa, genética y nutricional de las Papas Nativas Peruanas puede estar en peligro debido a las nuevas variedades producidas para consumidores urbanos", alertó el representante de la FAO en Lima, Luis Castello. Las autoridades ambientales ya están con sus ojos sobre el asunto.
Las bondades de la papa como alternativa alimentaria para Perú son extensivas a América Latina y el mundo. Por algo el tubérculo se posicionó como uno de los cuatro alimentos más importantes en el mundo, junto al trigo, el maíz y el arroz. Por eso se le encuentra en los cinco continentes y puede atraer tanto a un rico europeo como a un africano pobre. Por eso les brinda seguridad alimentaria y empleo a unos 800 millones de personas en el planeta.
John no entiende de esos asuntos. Él sólo sabe cultivar papa y comerla. No sabe que se supone que como peruano debería estar orgulloso del gran regalo que le dio su país al mundo, pero sí sabe que mientras la papa esté ahí el hambre le será menos intensa.